CRÓNICA

Recorrido por el Valle del Cauca


Comenzamos el viaje aproximadamente a las siete de
la mañana del viernes 15 de Marzo, desde la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad, en un bus de servicio turístico con capacidad para cuarenta y dos pasajeros. Tomamos rumbo al sur por la carretera que de Pereira conduce a Cartago, pasando por Cerritos, famosos sitio de venta de piña dulce como la miel. El día se perfilaba frío con lluvia y neblina, como anunciando la temporada de lluvia próxima a comenzar en todo el territorio nacional.

Luego de una hora aproximada de viaje, hicimos la primera parada para tomar un desayuno típico de restaurante de carretera en un restaurante llamado La Uribe.
Tuvimos para escoger entre huevos, chorizos, carne asada, calentado de frijoles, arroz, chocolate o café con leche, acompañado de jugo de naranja, arepa, pandebonos, tajadas de plátano maduro y otras delicias. Todo esto elaborado en un fogón de leña que ocupaba el centro del restaurante y donde podíamos ver las ollas grandes y ahumadas en las que se cocían los alimentos. El calor de la leña prendida mitigaba el frio de la lluvia que nos continuaba acompañando mientras comíamos.

Reanudamos el viaje, rumbo a Guadalajara de Buga, la ciudad Señora. La ruta nos llevaba por Bugalagrande, Andalucía, Tuluá y San Pedro, poco vimos del camino, ya que la lluvia continuaba y empañaba los vidrios del bus. Decidimos dormir un poco mientras tanto.

Llegamos a Buga, municipio del centro del Valle del Cauca, fundado en el año de 1.555 por don Giraldo Gil de Estupiñan. Conocida a nivel nacional por su Basílica del Señor de los Milagros, la ciudad recibe miles de fervorosos turistas que vienen a visitar el monumento, ya sea para pagar alguna promesa,  para hacer alguna petición especial o para asistir a la bendición que imparte el sacerdote en cada misa. Son conocidos los milagros que allí se han dado y de los cuales dan fe los creyentes.

Bajamos del bus y recorrimos la vereda amplia bordeada de palmeras que precede la entrada en la Basílica. Al fin había escampado. Allí nos abordaron numerosos guías y personas que nos invitaban a comprar artesanías. 

A lado y lado de esta vereda, hay numerosos almacenes que venden recuerdos religiosos, estampas, novenas, escapularios, rosarios, imágenes de todos los tamaños, crucifijos, cuadros con escenas bíblicas, en fin, todas las artesanías propias de la devoción de los católicos. A todos nos regalaron escapularios que mas tarde serían bendecidos.


Entramos al templo; algunos oraron, otros, dedicaron su tiempo a tomar fotografías y a observar los detalles arquitectónicos de la construcción. Hicimos la fila que lleva al Monumento del Señor de los Milagros, apretujados entre decenas de personas que querían igualmente ver más de cerca esta imagen y poder hacer una oración. Luego de una hora aproximadamente, reanudamos el viaje.

Ya aquí de tanto tomar fotografías, la batería de mi cámara se descargó. Aproveche entonces, para recargarla antes de llegar a nuestra próxima parada, el Lago Calima.

Y llegamos al lago, aquí nos divertimos tomando fotos y el profesor Jhon Jairo "Kachis" nos dio una charla breve de la historia del mismo como que es, uno de los embalses más grandes del país. Lo comienzan a construir en el año 61 y terminan en el 66,  tiene 70 kilómetros cuadrados, forma parte de un proyecto hidroeléctrico para generar energía al departamento y está ubicado entre los municipios de Darien y Restrepo. Años más tarde se convertirá en un atractivo turístico tanto nacional como internacional ya que debido a la velocidad de los vientos, se practican en él deportes náuticos y además tiene una amplia oferta de hoteles y alojamientos en fincas campestres.

Luego de un rato, proseguimos nuestro viaje, rumbo al corregimiento de Córdoba. Este es el fin de nuestro viaje en el bus por el momento. Nos bajamos, recogimos el equipaje y luego de una docena de pasos nos montamos en las "Brujitas" para ir a San Cipriano.

¿Qué son las brujitas?

La brujita es un sistema de transporte muy singular. Se trata de unas bancas en madera a las que le adaptan unas balineras que luego encajan en los rieles de  la carrilera y son movidas por un sistema de polea que es movido por una motocicleta. Las personas se sientan de lado, sin ningún tipo de seguridad, y deben ser personas ágiles ya que se debe estar pendiente por si viene otra brujita o incluso el tren en sentido contrario, bajarse de la brujita y sacarla de la carrilera hasta que pasen los otros y volver a subirse. Las brujitas por sí solas ya son un atractivo turístico de esta región.

Luego de más o menos 30 o 40 minutos se llega a San Cipriano. Este es un caserío sin mayor atractivo a primera vista. Su calle principal, la única que existe, es en tierra, con casas de madera y ladrillo a lado y lado, algunas de ellas conservan algo de la forma antigua de construcción en palafito, o sea con parales altos que hacen del segundo piso la vivienda y del primero la cocina y el espacio para guardar las canoas y los alimentos. Tiene techo de zinc. Nos acomodamos en un hotel de construcción un poco más moderna, con un corredor angosto que tiene habitaciones a los lados. Las habitaciones generalmente constan de dos camarotes y una cama sencilla. En el primer piso donde me alojé, había dos sanitarios y una ducha sin puertas al final del pasillo, resguardados sólo por una cortina de plástico, y un lavamanos, compartidos  con todas las habitaciones. En el segundo piso el orden cambiaba, dos duchas y un sanitario.

Después de acomodarnos en las habitaciones algunos salimos a hacer un poco de reconocimiento antes de almorzar, para esta hora, eran más o menos las 5 de la tarde. El almuerzo fue una sopa de sancocho de pescado, pescado frito, delicioso, acompañado de arroz, ensalada y papa cocinada. Me llamó la atención el sabor de la sopa, era diferente.

Luego de esto, asistimos a una charla con un líder de la comunidad que nos explicó cómo se convirtió San Cipriano en una Reserva Natural y cómo se fue desarrollando el turismo en esta comunidad. Esta es una comunidad afrocolombiana, con aproximadamente 500 habitantes. Sus ingresos provienen del turismo y algo de la minería artesanal. Administran la Reserva y llevan control de la cantidad de turistas que los visitan. La acomodación la hacen en hoteles, casas, hamacas y sitios donde se puede acampar.

Cuando finaliza la charla, vamos a tomar la comida y luego tenemos un rato de esparcimiento, para luego acostarnos. Aquí finaliza el primer día de esta aventura.

Al siguiente día, sábado, nos levantamos temprano, desayunamos y nos alistamos para ir a recorrer el sendero que va a la cascada. Este es un recorrido que se hace por ríos y riachuelos cristalinos, senderos pantanosos y con muchas raíces, por en medio del bosque húmedo, observando y disfrutando la exuberancia de la naturaleza. Aprovechamos aquí para tomar muchas fotografías y al final llegamos a la cascada que tiene una caída de más de 30 metros y forma un delicioso charco de agua fría donde disfrutamos de un baño para quitarnos el sudor y el cansancio de la caminada. Regresamos por el mismo camino, almorzamos y nos dispusimos a hacer un nuevo recorrido hacia el otro lado del pueblo, tomando la carrilera.


Por este camino, lo que observamos fue la devastación que dejó la explotación minera que sufrió esta región años atrás y que aún se evidencia en grandes cráteres llenos de agua donde cavaron las enormes dragas mecánicas, y donde el río Dagua pierde su curso natural para abrir otro, dejando extensas zonas de playas pedregosas. Mientras hacíamos el recorrido cayó un fuerte aguacero que nos obligó a escamparnos en la caseta que construyeron para la recolección de las basuras de la comunidad. Cuando reanudamos el camino, llegamos al sitio donde nació San Cipriano. Allí nos encontramos con las ruinas de la pared de una antigua estación del tren, que está envuelta entre las raíces entrelazadas de unos Matapalos. De regreso, nos introdujimos un poco en el monte y encontramos un túnel que  forma la carrilera. Este túnel es el lugar donde una camada de murciélagos descansa y que salen espantados cuando cruzamos al otro lado. También alcanzamos a ver unas arañas que nos contaron, son muy venenosas.

A eso de las seis de la tarde regresamos, mojados, embarrados y exhaustos. Nos duchamos y fuimos a comer. Esta fue una cena especial, arroz con mariscos, simplemente delicioso. Pero yo no podía regresarme de allí sin comer el famoso Encocao de Musillá, que es la especialidad de San Cipriano. Entonces me fui a uno de los restaurantes y probé este espectacular plato, que se compone de camarones de río, cocinados en agua de coco, con patacones cocinados y fritos. El sabor me pareció delicioso, es absolutamente diferente a lo que había comido antes. La sazón del pacífico es especial por los ingredientes, las especias y la forma de cocinar.

Al final de la noche, tuvimos baile en el salón comunal, y disfrutamos hasta donde el cansancio nos lo permitió. Nos acostamos a las 12 de la noche.

El siguiente día, domingo 17, madrugamos nuevamente, desayunamos, entregamos las habitaciones y tomamos las brujitas de regreso a Córdoba y continuamos nuestro viaje en el bus hacia Buenaventura. Llegamos a éste, el principal puerto del país, pasado el medio día. Fuimos directamente al muelle a tomar la lancha que nos llevaría a Piangüita. Nos acomodamos en dos lanchas y nos llevaron a hacer un recorrido por todo el frente del puerto, pudiendo observar los grandes cargueros de contendores que vienen de Asia, Estados Unidos y Europa.

Luego de un recorrido de 50 minutos, desembarcamos en Playa Piangüita. Para muchos de los que iban, era la primera vez que veían el mar y fue muy agradable ver sus caras de asombro y de felicidad. Nos registramos en el hotel y salimos a tomar el almuerzo. Éste consistió en pescado frito con patacón y acompañado de caldo de pescado y ensalada.

Después de las cuatro de la tarde, un grupo salimos a caminar por la extensa playa, observando la cantidad de basura que llega con la marea hasta las playas y que sale de la desembocadura del río Dagua y de la misma Buenaventura. Vimos de primera mano cómo estamos destruyendo este entorno con la cantidad de basura que tiramos. Al regresar disfrutamos de la playa, el mar y el atardecer. Luego de comer, nos encendieron una fogata en la playa y allí nos quedamos hasta que ya el cansancio nos venció y a dormir.

Ya es lunes después del desayuno salimos todos a hacer la caminada por la playa hacia el manglar, allí nos dieron una charla sobre cómo se forman estos ecosistemas, su desarrollo, la importancia que tienen para la conservación de muchas especies marinas, y también lo frágil que es.

Hicimos una sesión larga de fotografía y regresamos a darnos un último baño en el mar. Ya en la tarde tomamos el almuerzo, siempre con pescado frito y regresamos al hotel a ducharnos y salir a tomar las lanchas. Más o menos a las tres de la tarde partimos de Playa Piangüita y luego de un recorrido largo porque se varó la lancha, llegamos al muelle de Buenaventura, donde nos dieron un tiempo para recorrer el malecón, tomar fotos y conocer un poco más.

Finalmente, como a las 4:30 comenzamos nuestro viaje de regreso a Pereira, no sin antes parar en un lugar que denominan Tragedias, a comernos un rico chorizo con agua de panela. Cuando faltaba menos de una hora para llegar a Pereira, debimos parar a causa de un accidente y quedamos atrapados más de una hora. Llegue a mi casa pasada la media noche, así concluíamos un estupendo y extenuante viaje académico.


CLAUDIA TATIANA OSPINA VELEZ
Estudiante de Turismo Sostenible
Universidad Tecnológica de Pereira

No hay comentarios:

Publicar un comentario